Primero, tuvimos que soportar unas 2 horas de autobús pero mereció la pena. Al llegar a la Península de Sirmione la temperatura nos ayudó para disfrutar de ella. Hacían unos 22º C y nos lo pasamos muy bien al montarnos por grupos de 18 (más o menos) en lanchas motoras. En ellas nos dieron un paseo alrededor de la Península a toda velocidad disfrutando al máximo de la brisa y del agua que nos salpicaba. Como nos gustó tanto el paseo, los profesores negociaron con Paolo (el dueño de la compañía) para que por un precio considerable por cabeza (4 €) nos diesen a quien queriese una segunda vuelta.
Cuando todos nos reunímos en la entrada del castillo nos dieron unas indicaciones para el próximo encuentro y cada uno hizo lo que quiso: buscar un sitio para comer, ir de compras, admirar las vistas desde el castillo, tumbarse en la playa para disfrutar del sol que relució durante todo el día, etc.
Después de comer y degustar un helado nos montamos en los autobuses para dirigirnos a Verona. Allí vimos por fuera el coliseo, la Piazza delle Erbe, el pasillo de los enamorados y el balcón de Julieta junto con su estatua donde muchos se hicieron fotos tocándole el seno derecho como símbolo de buena suerte en temas amorosos.
Por último, volvimos al hotel Villa Fiorita para cenar y entregarles nuestros regalos a los profesores. Fue un momento muy emotivo tanto para ellos como para nosotros.
Humildemente Magdalena, la saxofonista sin causa.
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