Arrancó muy temprano el último de nuestros días en la Ciudad Eterna.
¿Qué mejor manera de despedirnos de ella que familiarizarnos con la
verdadera Roma, la que de verdad nos puede llegar a enamorar? No había
tiempo que perder. La jornada comenzó en el Anfiteatro Flavio,
popularmente conocido como 'el Coliseo': Nos adentramos en sus
entrañas para sumergirnos en su majestuosidad. Roma en todo su
esplendor. El maravilloso complejo arqueológico en el que sita el
Coliseo, donde se encuentra por ejemplo el Arco de Constantino, nos
conduce casi naturalmente a los Foros Imperiales. Una larga caminata
nos permite llegar a conocer su funcionamiento, importancia y sus
lugares mas destacados. Imprescindible la vista desde la Colina del
Palatino.
Tras un merecido descanso, volvemos a la acción. Comenzamos con el
Monumento a Victor Manuel II, seguimos la vía del Corso para llegar a
unos de los rincones mas mágicos de Roma: La Fontana di Trevi. ¡Que no
falte la típica foto arrojando la moneda! Fugazmente, aparece el Ara
Pacis de Augusto, la tumba de Adriano... ¿Como puede acumularse
tantísimo y tantísimo calibre artístico en tan poco espacio? De veras:
FASCINANTE. El día va terminando y el astro rey empieza a dejarnos.
Llegamos al Panteón. No intenteis imaginados las dimensiones de su
cúpula en fotos... Simplemente es necesario verla, no hay palabras que
la describan. Al fin un descanso, algo de tiempo libre. Me permitís
una anécdota personal? He probado el mejor helado del mundo. Al menos
el mejor que he probado en mi vida. La falta de mi tutor Manuel
Montejo a esta aventura me afectó bastante, tanto a mi como a
cualquiera de mis compañeros. Mi pequeño homenaje a el, mi forma de
hacer que el tambien estuviera aqui, fue seguir uno de sus muchos
consejos al pie de la letra: No quise conformarme con ver y leer Roma.
Empleé el poco tiempo que tuve para perderme por la ciudad en
encontrar la famosa Heladería Giolitti: Nada que mi iPhone y un par de
preguntas no puedan conseguir. Y alli estaba. Todo lo que os cuente
sobre ese helado es poco. Pensé que sería solo una exageración...
¡Como me equivocaba! Podeis preguntar a los que también lo probaron,
no lo sabrán describir, al igual que la cúpula del Panteón. Puede
parecer una tontería, pero simple asociaré ese fantástico sabor a
Roma, y ella a Montejo. ¡Te echamos de menos!
El día, y nuestra estancia en Roma se acaban en la Piazza Navona y el
imponente Castillo de Sant'Angelo. Aun no me he ido y ya estoy
deseando volver: Es una ciudad mágica.
Dani Moreno.





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